martes, 24 de mayo de 2016

Los sauditas encaran la era pospetrolera

El Nacional, 25 de Abril 2016
Mientras pasaba revista a las terribles proyecciones económicas de Venezuela para este año (inflación en alimentos y medicinas superior al 700%­; decrecimiento económico por cuarto año consecutivo, esta vez del -11% del PIB…), topé con una nota publicada por Bloomberg donde entrevistan al príncipe de Arabia Saudita, Mohammed Bin Salman.
El príncipe árabe explica allí que su país se prepara para la era post-petrolera. Una previsión orientada a la pérdida relativa de la importancia del consumo de petróleo como fuente energética y al ingreso en una era en la que este insumo se caracterizará por precios que no superarían los actuales niveles, pudiendo incluso bajar.
La solución en la que trabajan es en el montaje del mayor fondo de inversión soberana conocido hasta ahora, que manejará un patrimonio de dos trillones de dólares. La estrategia incluye la oferta pública de acciones de ARAMCO, la gigante petrolera del Estado, con el objeto de transferir recursos que se invertiránen un portafolios de activos a nivel global, en todas las industrias y actividades propias de las actividades económicas de la actualidad mundial, un conglomerado que incluye, por cierto, energía renovable alternativa al petróleo.
El fondo sumaría inmenso poder, naturalmente. Y crearía un mayor tejido de intereses del gobierno saudita en la economía no petrolera global que, como sabemos, siempre apuesta a un equilibrio de los precios del crudo a los niveles actuales, ya que los precios altos conspiran contra el consumo y la aceleración del crecimiento económico global.
Junto a esta estrategia del fondo trillonario, y como marco mental de su creación, los sauditas están muy conscientes de que el negocio petrolero no es más una apuesta a los precios sino al volumen de producción; y que no solo compiten con la producción de esquisto ("fracking") sino que deben invertir en proyectos que la desarrollan. Y así lo hacen.
El objetivo del gobierno saudita es incrementar la participación del ingreso fiscal no petrolero en sus finanzas públicas de 7% a 40% del total. Para visualizar la magnitud del propósito del fondo de inversiones sauditas: sus activos serían suficientes para comprar la totalidad de las acciones de las cuatro empresas no petroleras con mayor capitalización en la bolsa de valores: Apple, Google (Alphabet), Microsoft y Berkshire Hathaway. El príncipe, incluso, reveló como uno de los objetivos estratégicos la toma del control en al menos dos instituciones financieras globales.
Entre tanto, Venezuela, socio de Arabia Saudita en la OPEP, ambos países con las reservas probadas más grandes del planeta, persiste en una deriva económica marcada por la escasez, la hiperinflación y, lo que es peor, con el liderazgo oficialista creyendo que puede diferir su suerte política un par de años, con la expectativa de que se recuperen los precios del petróleo y esto le permita retomar el modelo populista que arrastró al país a la ruina.
No hay que tener una corona en la cabeza para ver la situación con claridad y hacer los cambios que las circunstancias imponen. Basta un poco de sensatez, información despojada del afrecho ideológico y un mínimo de piedad con un pueblo castigado más allá de lo que nadie hubiera podido imaginar.

Almagro, la OEA y la democracia como estandarte

El Nacional, 17 de Abril 2016
El secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha persistido en su impresionante esfuerzo por recuperar el liderazgo del organismo en la región. Entre otras objetivos, se ha propuesto enfatizar el papel que este debe jugar frente al déficit democrático o neoautoritarismo que se vive en Venezuela como acompañamiento de la grave crisis social y económica en la que han desembocado casi dos décadas del chavismo. Han sido contundentes sus pronunciamientos contra el despojo judicial de las facultades de la Asamblea que pretende el TSJ, cuyo más insólito y reciente zarpazo es la inexplicable declaratoria de inconstitucionalidad de la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional.
La OEA viene devaluada. Varios factores se combinaron para producir este desmedro en los últimos años. La vieja estrategia la cancillería brasileña,(de mover el centro de poder hemisférico a Brasilia con una instancia como Unasur), encontró alianza de conveniencia con la diplomacia extorsiva petrolera del chavismo, que prácticamente condicionó la cooperación de Petrocaribe a su agenda política de lograr la incondicionalidad de países del Caribe y Centroamérica. Por supuesto, la guinda de esta torta la puso la inefable gestión de José Miguel Insulza quien, en lugar de ejercer liderazgo convirtió la Secretaría General en una conserjería limitada a atender lo que le pedía el grupo Unasur-ALBA-Petrocaribe.
Almagro intenta, precisamente, liberar a la OEA de ese perverso secuestro institucional; y aunque la dramática caída de los precios del petróleo, el cambio político en Argentina y la crisis en Brasil abonan en esa dirección, la tarea no es fácil. Aún queda tela por cortar.
Por su parte, el presidente Obama ha desplegado un bien hilado juego en la región. Ha evitado confrontar y ha optado por apoyar desde la trastienda la conformación de coaliciones y tendencias que aíslen la influencia negativa de aquellos liderazgos que comprometen la democracia en el hemisferio.
La apertura hacia Cuba y el apoyo a la consolidación del proceso de paz en Colombia son dos ejemplos bien elocuentes de esa estrategia, que junto a su política energética, han dejado al liderazgo chavista rezagado y solo en la región, al punto que hasta los Castro comienzan a mirar hacia el norte.
En noviembre de 2015, el presidente Obama propuso al Congreso una legislación que contenía un paquete de apoyo al proceso de seguridad y fortalecimiento institucional en Centroamérica. Su propósito era apoyar a sus gobiernos en la lucha contra los carteles y la terrible violencia que aqueja a esa parte del continente e impulsado movimientos migratorios de menores hacia Estados Unidos. La legislación propuesta por Obama incluye una ayuda económica de un billón de dólares para los países centroamericanos.
Esta semana, otra iniciativa de impacto hemisférico entró en la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos. El representante Eliot L. Engel (demócrata de Nueva York), miembro principal del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara, y la representante Ileana Ros-Lehtinen (republicana de la Florida), ex presidente de la Comisión, presentaron una ley para dar prioridad a la relación entre Estados Unidos y el Caribe. Su proyecto de ley requeriría que el Secretario de Estado y el Administrador de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) presentara al Congreso una estrategia de varios años, centrada en los países del Caribe y de la diáspora en Estados Unidos, para la mejora de la seguridad energética, la lucha contra la violencia y otras áreas prioritarias.
El representante Engels expresó, al exponer el proyecto de ley que: “En Estados Unidos no podemos perder de vista nuestros intereses a largo plazo. Debemos fortalecer y ampliar los lazos con nuestros vecinos del Caribe ". Por su parte, en este esfuerzo bipartidista, la representante Ileana Ros-Lehtinen expresó estar muy consciente de la importancia de esta ley, “ahora que el Caribe debe ser menos dependiente de una economía venezolana en total deterioro”.
Las piezas se van ensamblando, los liderazgos siguen coincidiendo. La crisis económica y fracaso del modelo de Petrocaribe se están haciendo sentir. Y para encauzar las cosas ya va siendo hora de poner en marcha o acelerar iniciativas que favorezcan la democracia y el desarrollo regional; y al mismo tiempo, la causa por restablecer un rumbo democrático para Venezuela.
Cuando el rompecabezas termine de armarse y aparezca un paisaje más armonioso y confortable que el actual, habrá que encontrar un momento para reconocerle a Almagro sus esfuerzos para restituirle el sentido a la OEA y en defensa de la democracia. Sobre todo, la que habrá de llegar en Venezuela.

¿Qué hacer frente a la crisis en Venezuela?

El Nacional, 10 de Abril 2016
El problema económico de Venezuela sigue sin respuestas. Y Maduro se empeña en responder con la argucia de culpar a alguien, treta que hasta ahora no ha logrado sino precipitar a su gobierno y al país al caos.
La estrategia de Nicolás Maduro ha consistido en diferir medidas, postergar acuerdos con el sector productivo (y en su lugar confrontarlo u hostigarlo), y someter al país a un racionamiento que ya llega al absurdo. Tal es el absurdo que, como no hay oferta de energía eléctrica, por falta de inversiones y mantenimiento (además de mucha corrupción en el manejo de los contratistas de este sector), lo que se le ocurre es dejar de trabajar un día de la semana para bajar el consumo. Sin asomar, como ha sido la norma en todo este periodo de racionamiento, una mínima indicación de qué se hará para sacarnos del foso donde nos encontramos.
Esta semana, como si no estuvieran suficientemente graves las cosas, han insistido en acusar de la crisis a la nueva Asamblea Nacional, de mayoría opositora; tal como ayer eran “el imperio”, “la guerra económica” y los conspiradores. Antes habían abrazado el argumento, halado por los cabellos, de que la oposición al Decreto de Emergencia se obstaculizaban las soluciones (no presentadas por el decreto) a la crisis. Ahora optan por movilizaciones tarifadas con intención provocadora y violenta frente al Palacio Legislativo, acompañadas de la propuesta del inefable Herman Escarrá, bendecida por Maduro, de que hay que explorar una enmienda constitucional, no la planteada por algunos opositores para recortar el mandato de Maduro, sino el de la recién electa Asamblea Nacional.
Pretenden demonizar a la Asamblea Nacional, convirtiéndola en su narrativa en la síntesis de la ristra de culpables que han querido inventar como chivo expiatorio de una crisis resultado de un modelo económico que colapsó antes de que se hundieran los precios internacionales del petróleo, que eran su única base de sustentación tanto económica como política. Y se aplica al propio Chávez, por cierto.
Un reciente estudio de opinión, elaborado para la Unidad de Monitoreo Político Regional del Centro para la Democracia y el Desarrollo en las Américas, nos trae unos hallazgos muy interesantes: Maduro es el responsable de la crisis que vive Venezuela para 35% de los venezolanos; luego aparecen los siguientes culpables: la falta de orden 22%; la guerra económica 15%; el colapso del modelo socialista/chavista 6%; los ministros del Gobierno 5%; los bachaqueros 4%; la oposición 3%; los militares 3%; la Asamblea Nacional 1%; mientras 6% de los venezolanos no sabe o cree que hay otro responsable.
Los resultados del estudio coinciden, además, con otros que han revelado que solo 33% de los venezolanos piensa que Maduro debe terminar su periodo presidencial; mientras 66% afirma que debe marcharse, sea por la vía del Referendo Revocatorio (52%), o por otra ruta, el resto. Finalmente, más del 80% piensa que la situación del país es francamente mala o pésima… desesperante diría yo.
Qué busca el Gobierno con su estrategia comunicacional y política: diluir la responsabilidad de Maduro en la crisis y promover múltiples estrategias como respuesta a la inmensa mayoría que se opone o está descontenta en la presente crisis. En otras palabras, el famoso episodio del Dakazo, que les sirvió para revertir el resultado electoral, no se ha podido repetir (y todo indica nunca más se reeditará). Y esta vez no se avizora un rebote en los precios del petróleo en el horizonte, ni devaluación oculta que alcance para alimentar el clientelismo político o el populismo enfocado de sus programas sociales.
Habrá quien piensa que la actitud del Gobierno es un asunto de incapacidad estrictamente, (y es obvio que son incapaces para gobernar y resolver los problemas del país), pero debe advertirse también que toda esta postración es parte de una estrategia política que se expresa por diseño. En la medida de que se diluya la responsabilidad de Maduro, y que no se enfoque la sociedad opositora en un solo mecanismo para abordar la crisis política, aquel permanece en el poder, a pesar de la gravedad de la crisis. Sobre todo si, además, logran desdibujar una posibilidad de liderazgo que represente una real alternativa, porque eso es menos riesgoso y costoso que inhabilitar, perseguir o hasta apresar a lideres opositores, como ha sido el caso de Leopoldo López, Antonio Ledezma y Manuel Rosales.
Paralela a esa estrategia, o como parte de ella, se despliega el conflicto entre poderes, despojando a la Asamblea desde el Tribunal Supremo, o judicializado la oposición democrática para diezmar al liderazgo opositor. Al mismo tiempo se acentúa el cerco mediático, que ha confinado (y ensimismado hasta cierto punto) la opinión disidente al espectro digital.
La conflictividad política permite construir nuevos culpables. Por ejemplo, si la población termina percibiendo a la Asamblea como parte responsable de la crisis. Esto ocurriría si la versión que se impone es la oficial.
Pero en el camino se agrava la crisis económica y social. Y el riesgo de que, al calor de la conflictividad política estalle la social, no es opción conveniente para nadie que quiera abonar a una solución, y mucho menos para el liderazgo opositor. Del estallido se desemboca en la anarquía y, finalmente, en alguna forma de represión, asistida por una razón de Estado. Ganas no les faltan, como han demostrado largamente.
Si se piensan bien las cosas, y la oposición se concentra en tener su estrategia en orden, se debería enfocar en una respuesta a la crisis política: la que tiene más cuerpo en las encuestas, así como viabilidad institucional: el referendo revocatorio. Eso, sin descuidar las elecciones regionales, más aún, atando la promoción de los líderes con el llamado al revocatorio.
Estas tareas deberán cimentarse en una propuesta al país. La oposición deberá habilitar todos los espacios que sean necesarios para el diálogo social y político orientado a resolver la crisis desde la Asamblea Nacional.
Nadie ha dicho que es fácil. Pero hay un estímulo imbatible: ese país atormentado, que sufre en las colas, que gime en los destrozados hospitales, que llora a las puertas de las morgues. Y que todavía alienta en su corazón una llamita de esperanza.

Abogando por el Cambio

Vivimos en tiempos de cambio. Tiempos interesantes donde las nuevas formas y herramientas de comunicación adquieren cada día mayor importancia, definiendo nuestras vidas e influyendo en nuestras opiniones, construyendo nuevos espacios para la participación democrática y el poder ciudadano.

Vivimos en tiempos que presentan difíciles desafíos en materia social y económica. La pobreza e iniquidades, el cambio climático global, el uso racional de los recursos naturales, el respeto a los derechos humanos, el desarme para la paz mundial, y el fortalecimiento de los sistemas democráticos, son temas y problemas prioritarios que hoy tienen afortunadamente expresión concreta en instrumentos del derecho internacional.

La globalización ha traído consigo aportes y retos en todos estos frentes, como el surgimiento de un mundo multipolar, con zonas de influencia económica y mercados relativamente integrados, coexistiendo con economías donde la informalidad y la subsistencia alcanza mas de la mitad de sus pueblos. En estas nuevas realidades todavía sigue pendiente promover la igualdad de oportunidades y la movilidad mas libre del factor humano o del factor laboral en la economía global, tal como se promueve el movimiento libre de capital y bienes. En este mundo global los trabajadores y sus sueños de felicidad siguen atrapados por las fronteras nacionales, dentro de las cuales muchos padecen como víctimas de dualismos socioeconómicos e injusticias que les obliga abrirse paso, como sea, para alcanzar esos sueños. A esos movimiento migratorios hay que verlos en su dimensión humana y encontrarle respuestas que acojan el derecho de todo ser humano a encontrar su felicidad y la seguridad de su familia, lo cual pone de relieve la realidad inter-dependiente en que vivimos, y la urgencia de modelos de cooperación internacional mas eficaces y dotados de suficientes recursos.

Finalmente, en ese envolvente proceso de cambios y globalización aparece la importancia de promover la tolerancia y la diversidad; la pluralidad y el pluralismo, dejando atrás visiones elitistas que suponen la primacía o hegemonia de alguna cultura, religión, grupo social o gobierno, por vias de facto que ignoran el derecho de otros.

Nuestra idea es contribuir a la comprensión de nuestra realidad con objetividad; y a la búsqueda de equilibrios, consensos y soluciones justas pero compartidas con relación a los temas y problemas de nuestro tiempo. Te invitamos a mirar alto, esperar lo mejor para todos, participando en "Tribuna".